Ago 31

La lluvia, al fin, sobre Buenos Aires.

Y ahora son las horas grises que lloran sus minutos sobre la esperanza de los invisibles, sobre las broncas que amontono en el mismo rincón, los mismos nombres, las mismas manos vacías. Las horas grises que van mojando la biblioteca desde la que miro los rostros y los huecos y las formas de la realidad.

Busco en las letras alguna palabra con la que pueda tapar este agujero pequeño en el centro mismo de mis emociones y desde el que gotea un líquido espeso y oscuro, pesado, constante, previsible, cuyo agrio y persistente perfume va dejando una estela, como humo, como constelación, como los segundos perdidos de una Vida desperdiciada. Busco alguna palabra, y no la encuentro.

Sólo dos sonidos claros.

Sólo algunas imágenes nítidas.

Sólo una mirada.

Nada que pueda tocar, nada que pueda abrazar. Y aún así, me queman y cauterizan mi herida de lluvia.

Ayer y mañana se mojan, como papel de diario. Hoy es un relámpago que ciega el deseo y anuncia que la siguiente hora estará llena de ausencia, llena del óxido que se forma en la espera.

Heme aquí, escurriendo mi soledad, bebiendo del llanto de la ciudad, y de la sangre de sus venas llenas de gente sola y vacía y olvidada.

Nadie que pueda tocar, nadie que pueda abrazar.

La lluvia, al fin, sobre Buenos Aires.

Si ella pudiera lavar nuestros dolores…

Escrito por F.- a la hora: 10:54
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Jul 21

El día del Amigo pasó y no es que no me interesara saludar a mis amigos, pero, pensando en los años, cada vez con más frecuencia, con sensaciones cada vez más opacas, se me hacen difícil las celebraciones de este tipo. Y entonces, no llamo a nadie en este día para saludar. Y voy descartando festejos: Navidad, Pascuas, Día de los Enamorados, Día de la Independencia, Día del Amigo
Algunos porque son fiestas religiosas y yo soy ateo. Sumarme y aprovechar una fecha que no significa nada para mí me parece un poco hipócrita. En cuanto al día del Amigo y demás, es cada vez más evidente que se ha construido una cultura del comercio alrededor de ello y ese tufillo me hace tomar distancia.
Adicionalmente, desde hace tiempo, y siento que es aún mayor ahora, mis emociones se han rebelado a tener un día al año para expresarse. Parece que uno saluda a los amigos sólo el 20 de julio, o que debe celebrar a su pareja el 14 de febrero. Sí, alguien dirá: “la fecha es una excusa”, y yo diré: “Ok. Cualquier otra fecha puede ser una excusa”. ¿Por qué no celebrar a los amigos dos veces al mes? O mejor, todos los días.

Pensaba en lo ridículo de la siguiente situación: Una catástrofe ocurre el 19 de julio, algo como la voladura de las Torres Gemelas, y, por casualidad, muchos de nuestros amigos estaban allí y desaparecen. El 20 de julio podemos perdernos todos nuestras palabras de cariño en el culo.

No hay que esperar, mucho menos desear, que ocurra una barbaridad semejante. Lo que digo es que uno tiene que estar agradecido de sus amigos todos los días. De sus amigos, de su familia, de su pareja, de sus hijos. En la medida de lo posible, estar al día con lo que uno siente por cada uno de ellos. Entre otras particularidades, la muerte tiene un increíble sentido de la inoportunidad. ¿Cuántas veces llega la muy hija de puta cuando menos la esperan? Y si ha de venir a tocarnos, mejor estar al día con nuestros sentimientos.
Después anda la gente penando, con todas las palabras que hubiera querido decirle a alguien pudriéndose dentro, desbordando vacío. Silencio con olor a confianza rota. Lágrimas de impotencia y malestar.

“Si le hubiera podido decir…”

Prefiero pensar en el 20 de julio como el día en que la humanidad superó sus propios límites y pisó la Luna. En medio de unas tremendas circunstancias histórico-políticas, contra todo pronóstico y con más dudas que certezas, el hombre sorteó la barrera de la atmósfera, cruzó el mar espacial que nos separa de nuestro satélite y alunizó, allá, en el Mar de la Tranquilidad, esa cuenca desolada que los primeros astrónomos creían que era, efectivamente, un mar.

Seis veces estuvieron los hombres en la Luna.

Ahora parece que no fuera tan importante.

Si uno pudiera ver a nuestra humanidad en el contexto del Universo, tan infinítamente pequeña, una gotita microscópica en el océano del espacio, si pudiéramos comprender lo increíblemente única que es nuestra especie, haciendo estas cosas, digo, salir del planeta, explorar el sistema solar, como un niño cuando empieza a caminar y a tratar de comprender el ambiente que lo rodea, tal vez podríamos comprendernos un poco más como personas que simplemente nacen, viven y mueren y en ese proceso hacen y experimentan algunas de las cosas más maravillosas: piensa, se proyecta, se enamora, crea arte, crea Vida.

Y así andamos, como humanidad, creídos que los demás sufren problemas que nosotros no. Cuando muere un niño, de los miles que mueren diariamente en África, en nuestra cuna, no es un niño africano que muere, es un ser humano menos que se nos muere como humanidad.

Una aberración y una vergúenza como humanos, como especie, poder viajar al espacio, estudiar la materia prima de la Vida, desarrollar maravillas tecnológicas y no poder terminar con el hambre y las enfermedades del hambre y la miseria.

Homo sum, humani nihil a me alienum puto.

No es secreto para nadie que estoy enamorado de mi especie. Amo a la humanidad, con todas sus virtudes y con todos sus defectos. Eso me hace sufrir muchísimo, claro. También me hace sentir en parte responsable por todo lo que hacemos y dejamos de hacer. Más llevadero sería cerrarse a un pequeño grupo y creer que lo demás no le pasa a uno. Pero entonces estaría negándome a lo que soy, un ser humano, miembro de una especie animal maravillosa que tiene la capacidad para poder hacer cosas inimaginables, en el buen y en el mal sentido.

A mis amigos:
Los amo mucho, siempre he contado con ustedes y ustedes conmigo, incondicionalmente.

Sin importar el día.

Escrito por F.- a la hora: 11:39
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Mar 15

Hoy, pensaba…

¿Pensaba…?

Aunque siempre fui enemigo de las pasiones, me dejé abrazar por una idea, abierto el corazón, al borde de la ilusión, en carne viva la noche y el tiempo, con el paso seguro de todas mis incertidumbres. Y no recuerdo más que lo que sentía…

La forma del recuerdo…

Desnudando las horas, dibujando en el aire, con palabras, los años, rascando las cicatrices de mi conciencia, me encuentro con la sensación conocida de lo que se pudre por dentro, un líquido negro y espeso que circula, pesadamente, desde mi pecho y se arremolina en mi garganta.

La sensación de lo que tiene fin, con su olor amargo y su forma vacía anidando en el estómago.

¿En qué pensaba…?

Pensaba en la lluvia, en tu silueta cortando una sombra, en una hora del día en la que un suspiro es una caricia en la espalda, con los dedos…

En la música… como siempre…

No, como siempre no. En la música de a dos. Sonatas visuales, nocturnos carnales, compuestos e interpretados a dúo, adagio de mis manos en la partitura de tu cuerpo…

Pensaba, ciertamente, en las semillas de un tiempo de comunes cotidianeidades, de creaciones posibles, de veredas y libros, de aprender y aprehender, de construcciones y praxis, de futuro como árbol…

El devenir.

Oh, sí… Eso pensaba.

Pensaba mucho más. Mi vuelo poético, por supuesto, no alcanza las alturas de mis pensamientos, ni su densidad, ni sus colores.

Y vos, claro…

Demasiados temores, demasiadas heridas, demasiado profundas algunas, tal vez, demasiados libros y demasiadas voces a las que consultar a falta de una más clara, quizás… Tantas cosas…

Y yo, claro…

Mis espirales reflexivas, la ausencia de ciertas dudas, mi avanzar como ciego, mis certezas de arena y este fuego de mis emociones que más de una vez me consumen vivo y hoy, lo veo, me está cegando con su humo como agua con jabón.

Afiebrado por las imágenes y los recuerdos, abrigado por las contradicciones, te miro, desde una lejanía de heridas viejas, y me resisto a renunciar a la felicidad, ese “imposible” de la psicología que, como la fe de los creyentes, ha sido, y aún es, usina de más de una lucha.

Se trata de mis sentimientos, la manifestación más concreta de mi manera de pensar y comprender el mundo.

Oh, sí… Todo eso pensaba…

Porque mi corazón es una idea, a pesar de mis vacilaciones y mis ausencias, y es una idea llena de sangre de otros que han sido, y de los que serán.

Porque extraño algunos lugares y algunos dolores que supieron morderme los labios y besarme las dudas, porque las experiencias, como los años, como algunos llantos, son cada día, un día más pesadas, tanto más profundas cuanto más pensadas, porque pensar y sentir en mí, son dos acciones del mismo músculo.

Pensaba paisajes y lunas, sabores y sonidos, asociados a las letras de tu nombre, título de un capítulo inconcluso del libro inconcluso que soy; tu nombre, sinónimo caprichoso de este paréntesis que es mi soledad.

Y en las palabras que fuimos arrojando por el camino y que ahora escuchamos con cierta desconfianza y pronunciamos con cierta afonía.

Pensaba en lo que siento… Y lo que siento es verdad… Y lo que siento es todo esto que pienso…

Pensaba en vos.

Nosotros.

Nos… otros…

Escrito por F.- a la hora: 0:00
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Nov 30

Anoche soñé con vos. Tan real el sueño que una sensación de asfixia y angustia me dominó por un instante cuando mi mano se encontró con el vací­o en la cama. Sorprendido, atropellado por las emociones, suspiré, mirando hacia el techo, tratando de volver a las imágenes, tan ví­­vidas, premonitorias, tal vez deseo y pasado amalgamados, del instante anterior.

Qué heridas eran las que sangraban, qué sonidos los que llevaron a ese lugar? Somos tan frágiles, a veces.

Intranquilo, sabiendo que hay estaciones que difí­­cilmente vuelva a ver, me acomodé en el tren de la Vida, cruzándome de brazos que es la forma en que suelo encerrarme en mi mismo, sacando la cabeza por la ventana para mirar hacia atrás, sí­­, hacia atrás…
Es lo que es.

No porque sea la primera vez que te sueño, pero sí­­ de esta manera. Extraño sueño tranquilo y emocionante, el rosedal de mis certezas se llenó de espinas dulces como anhelos y besos añejos. Culpo a la edad por ello y sé que me vuelvo a mentir como tiempo atrás. La soledad? No, tampoco es ella. Nadie carga con mis lágrimas más que yo. Es la sinfoní­­a de mis emociones que empieza a desafinar, lo sé.

Hay una estación nueva allá adelante, y espero llegar pronto, pero siento como si hubiera dejado algo en la anterior y eso me aturde. Tan real el sueño…

Anoche soñé con vos.

Fue un sueño, nada más.
El más hermoso, nada menos.

Escrito por F.- a la hora: 1:46
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Mar 31

El martes hubo una de esas tardes extrañas, de un clima gris, enrarecido, una especie de melancolí­a eléctrica que es el momento previo a la tormenta. La realidad en cámara lenta frente a mis ojos, la Vida, como la sangre, como los pensamientos, fluyendo a través de mí­…

Entonces fue cuando sentí­ está sensación que me aceleró el corazón, como ahora, al escribir, una fractura interior, con un sonido claro y fuerte, lleno de notas pretéritas. Con las primeras gotas de lluvia busqué refugio en algún lugar, en alguna vereda, donde no molestara a quienes circulaban y donde pudiera acomodar pluma y papel y escribir… A la una de la mañana, aún sentado en la calle, ahora en la oscuridad, puse nombre, al fin, a mi fractura…

01.- De la soledad

Todos estamos solos. No es la soledad del que se aí­sla, del ermitaño, del que no encuentra compañía, del que no tiene familia o amigos. No es una soledad poética, ni siquiera metafórica.

Los seres humanos somos animales sociales, dependemos del otro, otros dependen de nosotros, estamos vinculados por nuestras necesidades, desde el alimento hasta el afecto. Incluso un recién nacido en brazos de su madre está “solo”, no puede comprender el mundo nuevo que lo rodea, no puede expresar claramente lo que siente y nadie puede saber exáctamente qué ocurre en su foro más í­ntimo. Esa es la clase de soledad que nos afecta.

En algún punto diminuto, por no decir microscópico, de un universo incomprensiblemente vasto, perdido cerca del borde de una de miles de millones de galaxias, está este planeta que habitamos y llamamos Tierra, hogar de unos 7.000 millones de seres humanos. Somos menos que una gota de agua en un océano infiní­to.

La soledad de la especie humana en el universo conocido transferida a cada uno de sus integrantes. Cada uno de nosotros es un mundo solo, con su historia, sus procesos evolutivos, sus progresos intelectuales, culturales, sus guerras, sus muertes… Cada uno, reproduciendo a escala individual, la pequeñéz de la humanidad en el espacio inconmensurable. Todos, cada uno, solos.

02.- De lo humano

“El hombre no es una cosa, sino un ser viviente, que está siguiendo un conti­nuo proceso de desarrollo. En cada punto de su vida aún no es lo que puede ser y lo que posiblemente será” *

A través de un larguí­simo proceso natural, comienza a desarrollarse la Vida en el planeta. En en agua, primero, y millones de años más tarde, sobre la superficie. Y el hombre, por fin, como resultado de una serie de cambios a partir de la necesidad de adaptarse y sobrevivir, aparece, más o menos como hoy nos conocemos, hace unos 40.000 años. El hombre, dominando la Naturaleza, sometiéndola, separándose de ella indefectiblemente.

El Homo Sapiens, tal es el nombre cientí­fico de nuestra especie, que pertenece al orden de los primates, es el último vestigio del género Homo, surgido hace apróximadamente un millón y medio de años. Aunque comparte aún ciertas caracterí­sticas con otros animales, como puede ser la inteligencia, posee además la capacidad de razonar, es decir, de analizar crí­ticamente experiencias acumuladas, elaborar ideas, desarrollar conocimientos, aprender, y a partir de todo ello, proyectar en función de lo que le sirve y lo que no, lo que le satisface y lo que le produce disgusto. La diferencia que lo separa inevitablemente del resto de los animales, el pensamiento, que deja de ser simplemente un medio para asegurarse la satisfacción de ciertas necesidades y se convierte en un instrumento para comprender la realidad, para representarse a sí­ mismo en el tiempo, descubrirse, proyectar una idea de lo que aún no es y quiere que sea, de lo que quiere ser.

03.- De los sentimientos

El animal humano, como muchas otras especies, desarrolla inclinaciones hacia lo que le produce sensaciones placenteras o bienestar. Comparte con otros animales necesidades básicas, como pueden ser alimentarse, sobrevivir, protegerse; pero su capacidad de razonar lo eleva y lo lleva más allá de estas necesidades naturales, comúnes en todos los hombres. Son inclinaciones particulares de nuestra especie, que no tienen orí­gen biológico sino social, y son distintas para cada individuo, y las llamamos sentimientos y/o pasiones. Las más comúnes son el Amor, el odio, la alegrí­a, la tristeza, los celos, la envidia, la solidaridad, el egoí­smo, la competencia, etc. El Amor y el odio sean tal vez los más sobresalientes, y de ellos se desprenden muchas, sino la mayorí­a, de las acciones humanas a través de formas variadas de comportamiento.

04.- De la Vida

La Vida, dicho de un modo ordinario, es el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la muerte de cualquier ser vivo, la existencia lisa y llana. Esta es una definición que, aunque correcta, carece de toda impresión que cada uno pueda otorgar subjetivamente a la idea de qué es la Vida y qué es vivir.

La mera existencia no implica Vida.

Podrí­a, tal vez, definirse a la Vida como perí­odo de tiempo, entre el nacimiento y la muerte, y las experiencias y acciones de cada individuo en relación consigo mismo y con otros. Aún suena incompleta, claro. Lo más probable es que existan tantas definiciones como seres humanos en el mundo. No hay forma objetiva, dependiendo del ámbito, de definir algo que cada uno siente de forma muy particular, puesto que ese “lapso de tiempo” entre nacer y morir, es vivenciado según las propias experiencias y la forma en que éstas nos impresionan y determinan nuestra manera de entender la realidad.

05.- El Fin De Las Explicaciones

No se trata del fin de finalidad u objetivo. Se trata del fin de lo que termina, de lo que no será más. Según la definición de la Real Academia Española, una explicación es:

1. f. Declaración o exposición de cualquier materia, doctrina o texto con palabras claras o ejemplos, para que se haga más perceptible.

2. f. Satisfacción que se da a una persona o colectividad declarando que las palabras o actos que puede tomar a ofensa carecieron de intención de agravio.

3. f. Manifestación o revelación de la causa o motivo de algo.

Hace ya muchos años que descubrí­ la soledad de la que hablo al principio, de esta especie de carga genética con la que nacemos los seres humanos. La soledad de la especie; la soledad del pensamiento; la soledad de la creación; la soledad del que no puede expresar o compartir un dolor que nada tiene que ver con lo fí­sico…

No me siento incomprendido porque no busco, y nunca busqué, la comprensión de los demás, no porque no me importa, al contrario, pero para nadie es fácil descubrir la naturaleza de los pensamientos y sentimientos de los demás, cada quien tiene su propio y vasto universo que explorar. No quiere decir esto que no lo intentemos, que no intentemos comprender a los demás, tal vez si hiciéramos el esfuerzo al menos, las relaciones entre los seres humanos serí­an algo mejor, pero, como dije, cada quien está embarcado en su propio viaje, tratando de descubrir qué es la Vida, o cuál es su sentido.

Para mí­, la Vida es un proceso indescriptiblemente hermoso, sí­, lleno de miedos, dolores y decepciones muchas veces, pero también lleno de belleza, de sorpresas, de alegrí­as. Y el fin de la Vida? No tiene ninguno. Qué sentido tendrí­a buscarle el sentido; es, en mi caso, una pérdida de tiempo. Al fin y al cabo, todo se termina un dí­a, y no puedo, realmente no puedo, dedicarle un segundo de mi corto tiempo a eso. Hay quienes no pueden imaginarse que la Vida sea un sinsentido, y buscan y pasan sus enteras existencias en la búsqueda de algo que posiblemente no puedan encontrar nunca.

Tal vez, la Vida sea sólo un perí­odo de tiempo vací­o que la Naturaleza, para mí­, o algún dios para otros, nos regala, en el que buscamos la forma de llenarlo, de que valga las penas. Cómo y con qué y con quiénes llenamos el vací­o es lo que hará la diferencia. Algunos intentarán llenarlo con objetos, otros con papeles, otros con ideas, otros con sentimientos de todas clases. Cada uno lo intenta como puede.

Sospecho que es eso, ese intento por llenar el vací­o lo que hace que la gente se encierre en sus problemas. Cada uno siente sus problemas como únicos, como los más dolorosos, como los más importantes. No sé si eso está bien o está mal, pero creo que en la medida que la gente se interesa sólo por lo que le sucede particularmente, pierde de vista la otra cuestión importante, los sentimientos.

Los afectos no nacen y mueren con uno. No es posible desarrollar sentimientos hacia los demás y de los demás hacia uno mismo si no intentamos involucrarnos, y eso implica, muchas veces, sufrimiento. Pero no hay cosa en el universo que exista sola. El sufrimiento existe porque existe la felicidad, la soledad, porque existe la compañí­a, la tristeza porque existe la alegrí­a, yo existo porque existe otro que me da existencia. No es verdaderamente tan complicado. Pero en tanto gastamos el tiempo de la Vida con nuestras inseguridades y egoí­smos, nos queda poco para lo demás.

Esta maravillosa capacidad humana de razonar, parece a veces puesta al servicio de lo superfluo, de lo cotidiano, del dí­a a dí­a, en lugar de lo profundo, en lugar de usarla para descubrirnos, para proyectarnos en el tiempo, en fin, de utilizar la razón para hacer del paso por la Vida el fin único de la existencia.

Me considero una persona completa, con defectos y virtudes, claro, pero completa. No tengo lo que otros pueden llamar problemas, todo se reduce, en mi caso, a circunstancias. Circunstancias económicas, circunstancias emocionales, etc. Mis circunstancias nunca son problemas, aunque haya quienes así­ las entiendan. En tanto circunstancias, siempre estoy conectado con los demás, con sus circunstancias y sus problemas, por cuanto todo lo que sucede a quienes me interesan siempre tiene prioridad sobre lo mí­o. Y sí­, muchas veces me siento defraudado, cansado, molesto, siento falta de reconocimiento o ingratitud, pero es lo que elegí­, elegí­ persistir en una conducta.

“Si presuponemos al hombre y a su conducta respecto del mundo como una conducta humana, sólo podremos cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc… Si queremos influir sobre otros hombres, debemos ser hombres que actuamos sobre los demás de una manera realmente estimulante y promocionante. Todas nuestras conductas respecto del hombre y de la Naturaleza deben ser una manifestación cabal, correspondiente al objeto perseguido, de nuestra vida real individual. Si amamos sin suscitar un amor que nos corresponda, es decir, si nuestro amor como tal no produce un amor recí­proco, si mediante nuestra exteriorización vital como hombres amantes no nos volvemos hombres amados, ese amor es impotente, es una desgracia.” **

Claro que cometo errores, no soy perfecto. Muchas veces doy por sentado conceptos o ideas, tengo actitudes que, supongo mal, los demás comprenden. Los demás no son yo, no piensan o sienten de igual manera que yo.

Creo que soy un buen ser humano en general, conecto con la gente, con sus problemas, con sus historias. Supongo que es debido a la actitud que tengo frente a la Vida. Soy bueno para ayudar a los demás. A veces, la conexión es inmediata, a veces lleva tiempo, a veces, unas muy pocas veces, me involucro profundamente con alguien particular. Y no es que resuelvo los problemas de los otros, no se trata de eso, no puedo resolver los problemas de la gente. Se trata de acompañar, de escuchar.

Todos estamos solos. Todos nos sentimos solos…

En cuanto al Amor… El único Amor que no cambiará nunca es el que siento por mi hija Lara. Estoy lleno de amores de todas clases, mi familia, mis amigos, mis ex parejas, y todos contribuyen o han contribuí­do a ser quien soy, todos forman parte de mí­.

Me doy cuento, y esa es la naturaleza de esta sensación de fractura, que pasamos mucho tiempo, que pasé mucho tiempo, tratando de explicar, de explicarme. Las explicaciones.

Siento, en lo profundo de mí­, que la elección que hago de dejar de explicarme, implicí­tamente conlleva a otra soledad, la de no poder compartir con alguien, por lo dí­ficil de encontrar a quien pueda acompañarme con estas premisas emocionales o intelectuales.

Elijo vivir, no explicar. Las aclaraciones, en la mayorí­a de las parejas, terminan por convertirse en una demostración de quién aclara mejor y más fuerte.

Lo mí­o es el Devenir. El Devenir en todos los aspectos y circunstancias de la Vida, el Devenir como proceso por el cual un proyecto común es, un proyecto común llega a ser.

Para eso hay que tener más o menos en claro qué queremos y si queremos hacerlo más solos de lo que ya estamos.

Adiós a las explicaciones.

Mi adiós tiene tu nombre.

* Eric Fromm (El Amor A La Vida)
** Karl Marx (Manuscritos Económicos Filosóficos)

Escrito por F.- a la hora: 3:49
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