La Ciudad de Buenos Aires tendrá como Ministro de Educación a Abel Posse, quien fuera cónsul en Venecia por la dictadura de Agustín Alejandro Lanusse hasta 1976, luego director del Centro de Cultura de París (1981), hasta 1985 y embajador en Perú durante el menemismo, donde defendió el gobierno de Alberto Fujimori.
Mauricio Macri mantiene la línea ideológica que mantuvo siempre y, en ese sentido, nadie puede sorprenderse por las designaciones que hace.
Algunas declaraciones de Posse, el nuevo Ministro de Educación:
Se busca mantener ilegítimamente encarcelados a los militares que cumplieron el mandato del gobierno peronista logrando el cometido de aniquilar la guerrilla en sólo diez meses. Los oficiales y hasta los soldados son procesados y reprocesados en un ejercicio de venganza disfrazada de justicia.
Argentina “es el país que llega hasta la indefensión nacional para castigar a un Ejército por hechos de hace cuatro décadas” e “indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el gobierno democrático. El Estado ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos.
Los guerrilleros que rodean a los K, aunque ya estaban generosamente indemnizados por su derrotas de los ’70, lograron afirmar la tarea de demoler las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores
Contra los militares se hizo más justicia de la debida –eso es injusticia–. Se anularon indultos con irritante parcialidad, al punto de que asesinatos y estragos masivos causados por los insurrectos aparecen como actos no condenables. Se negó a los oficiales toda exculpación por el juramento de obediencia y verticalidad ante sus mandos, sin el cual sería imposible comandar una guerra.
El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes (…) La policía no actúa con todo su poder, ni con la energía suficiente, que no tienen armamento ni convicción de ser el brazo armado del Estado
Los Kirchner se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir. Reprimir es obligación del Estado. Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo). Lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad.
Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo.
Hoy vemos la degradación familiar, padres que no controlan a sus hijos, jóvenes drogados y estupidizados por el rock.
No vamos a hablar de los que son rechazados con el arito y la droga en el bolsillo, a ésos nosotros no los defendemos” (como embajador en España, sobre los argentinos que viajaban).
Baseotto procede con pasión cuando señala que repartir esos preservativos conlleva un acto escandaloso: de algún modo, se banaliza la sexualidad, se suspende el pudor como estilo de una sociedad católica. Al recibir los preservativos repartidos como caramelos, los chicos quedan perplejos. ¿El pudor de las familias carece de todo sentido?
Sin prevenciones espirituales, morales y religiosas, tácitamente se invita a la banalización del sexo y también a la precocidad sexual. Se preserva el cuerpo y se sigue enfermando el alma juvenil.
Las cerca de 10.000 personas que asistieron ayer al Rosedal de Palermo al acto del campo, deben estar contentas con este digno representante de la “democracia, el federalismo y la paz”.
Fuente: Pagina12









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