May 05

Algunas declaraciones del ex-director de la Santa Inquisición y actual Papa.

“Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia”.

Laicismo

“El laicismo ya no es aquel elemento de neutralidad que abre espacios de libertad a todos. Comienza a transformarse en una ideología que se impone a través de la política y no concede espacio público a la visión católica y cristiana, que corre el riesgo de convertirse en algo puramente privado y, en el fondo, mutilado”.

El sexo

“El acto sexual ha perdido su finalidad, que antes era clara y determinante, de modo que todas las formas de sexualidad han llegado a ser equivalentes. Sobre todo, de esta revolución deriva la equiparación entre homosexualidad y heterosexualidad”.

Las ideologías

“Cuántos vientos doctrinales hemos conocidos en estos últimos decenios, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas de pensamiento. El pensamiento de muchos cristianos ha sido muchas veces zarandeado por esas olas, arrojado de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo, del colectivismo al individualismo radical, del ateísmo al misticismo religioso, del agnosticismo al sincretismo”.

La homosexualidad (a la que definió como “un mal intrínseco”)

“Antes que nada, debemos tener un gran respeto por estas personas, que también sufren y que quieren vivir en modo justo”.

La religiosidad

“No se puede dar a conocer a Dios únicamente con palabras. No se conoce a una persona cuando sólo se tienen do ella referencias de segunda mano. Anunciar a Dios es introducir en la relación con Dios: enseñar a orar. La oración es fe en acto. Y sólo en la experiencia de la vida también la evidencia de su existencia. Por eso son tan importantes las escuelas de oración, las comunidades de oración”.

El casamiento homosexual

“Crear ahora la forma jurídica de una especie de matrimonio homosexual, en realidad no ayuda a estas personas (…) Es destructiva para la familia y para la sociedad. El derecho crea la moral o una forma de moral, ya que la gente normal habitualmente piensa que lo que afirma el derecho es moralmente lícito. Y si juzgamos esta unión más o menos equivalente al matrimonio, nos encontramos con una sociedad que ya no reconoce ni lo específico de la familia, ni su carácter fundamental, es decir, lo que es propio del hombre y la mujer, que tienen como objetivo dar continuidad -y no solo en sentido biológico- a la humanidad”.

Escrito por F.- a la hora: 11:31
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Mar 24

El personaje de Alan Moore, John Constantine parece haber sido aggiornado para la versión de Hollywood. A continuación, la excelente nota de Mariana Enriquez para RADAR, el suplemento cultural de Página12, en la que, sin revelar la trama del film, explica cómo han destrozado el espíritu del original héroe.

Un infierno encantador

Héroe del comic de Alan Moore, el verdadero John Constantine es un investigador ocultista inglés, de origen obrero, anticlerical, cínico y borracho, que en plena época de Thatcher descubría que los agentes de Bolsa eran demonios. Nada que ver con la versión Hollywood, que lo vuelve californiano y lo obliga a pavonearse con armas en forma de crucifijo.

Por Mariana Enriquez

Constantine, la nueva película con Keanu Reeves dirigida por Francis Lawrence, no es la peor película de demonios y efectos especiales de la historia. Ni mucho menos. Pero lo irritante –lo que amarga, indigna, agota– es que está basada en Hellblazer, uno de los mejores y más amados comics de la línea Vértigo de DC. Una vez más, los estudios de Hollywood demuestran su incapacidad para el riesgo y su constante subestimación de los espectadores. Constantine se apoya en un personaje complejo y una historia audaz, política, amoral. Pero todo lo banaliza y estupidiza hasta el límite. Y Hellblazer no merecía este destino. Su gran protagonista, John Constantine, no tenía por qué pasearse por la pantalla con un arma en forma de crucifijo ni transformarse en un californiano. No hay derecho.

Creación del enorme Alan Moore, John Constantine nació en 1985 como un personaje de La Cosa del Pantano. En 1988 mereció comic propio, y el primer guionista que lo delineó fue Jaime Delano. Constantine, nacido en Liverpool, es un investigador ocultista de clase trabajadora que en su juventud tuvo una banda de punk rock (Mucuous Membrane) y terminó en un clínica psiquiátrica después de un exorcismo fallido en Newcastle: volvió del Infierno con el brazo de la niña que intentó salvar entre las manos.

Durante los ‘80, Hellblazer era la tribuna elegida por Delano para repudiar al thatcherismo. En uno de sus episodios más célebres, Constantine descubre que los corredores de Bolsa son demonios, y como castigo es obligado a ver las elecciones que llevan al poder a Thatcher colgado cabeza abajo frente a un televisor. Hellblazer exploró la exclusión, el racismo y la violencia social al mismo tiempo que se atrevía a llamar “violador” al Angel Gabriel y convocar demonios con rituales guarros e incompletos. Constantine –anticlerical, cínico, irónico, demente, fumador, borracho, seductor, con un notable parecido a Sting– chantajea a ángeles y demonios sin jamás decidirse por ninguno de los bandos (es más: cuando puede, se aprovecha de ambos). Constantine está condenado a traicionar y matar a sus amigos, y a veces llega al punto de la autoflagelación.

Su idiosincrasia británica es vital para el personaje; su genealogía –que llega hasta el Rey Arturo– es intrínsecamente inglesa; convertirlo en estadounidense es una falta de respeto al amoroso trabajo de grandes guionistas –Garth Ennis, Paul Jenkins, Neil Gaiman, Grant Morrison– que sólo habla de desprecio y chatura. Alan Moore, incluso, renunció al jugoso cheque que le correspondía por ser creador de Constantine y pidió que se borrara su nombre de los créditos de la película, en un gesto de dignidad casi sin precedentes. Bien hecho.

En las comiquerías argentinas es posible encontrar bastantes ediciones españolas de Hellblazer. Las más recomendables son “Pecados originales” de Jaime Delano y “Hábitos peligrosos” de Garth Ennis, justamente las dos líneas narrativas que toma y tergiversa Constantine. Es probable que uno de los efectos beneficiosos de esta nueva traición sea la reedición de viejos episodios de Hellblazer que se extrañaban desde hace mucho tiempo. A por ellos: en esas páginas rabiosas, tristes, guarras y aterradoras, el Infierno está encantador.

Escrito por F.- a la hora: 0:30
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Feb 17

Vengo escribiendo y reflexionando hace unos dí­as sobre este tema y por fin he decidido publicarlo.

Después de haber vagado largamente entre religiones, dudas y evidencias, y tras mucho razonar y meditar, me encontré frente a una realidad objetiva, ni triste ni feliz: Soy ateo.

Ateo significa, literalmente “Sin dios”, y se refiere a toda persona que deliberadamente, es decir, por voluntad propia, niega o no cree en la existencia de entidades sobrenaturales, dioses, espíritus, más allá, etc.

Actualmente se diferencian dos clases de ateí­smo, el ateí­smo débil y el ateísmo fuerte. El primero no cree en la existencia de un dios. El segundo, al que suscribo, cree que no existe ningún dios y, aunque suene parecido, no es lo mismo no creer que creer que no existe.

Otro error que suele cometerse es el de confundir ateí­smo con agnosticismo, que es la doctrina que niega total o parcialmente la posibilidad de conocer el mundo. El agnóstico sostiene que no existe evidencia para saber si un dios existe o no. En realidad, y como lo indica la raíz de la palabra, niega el conocimiento y lo limita a la experiencia sensual o empí­rica. ¿Qué quiere decir esto? Que el agnóstico no va más allá de las sensaciones, se detiene más acá de los fenómenos al negarse a ver nada fidedigno fuera de las sensaciones. Pero el agnosticismo se puede refutar con contundencia con la práctica y la experimentación científica.

No poca gente asume que el que no crea en la existencia de dioses implica que no crea en algo. Algunas personas me han preguntado cómo he sobrellevado situaciones muy penosas o cuál es el sentido de la Vida o para qué estamos si no creo en algo superior a la Naturaleza.

No me ha hecho falta recurrir a ninguna entidad extranatural en situaciones de dolor y pena. He estado con los que quiero y eso me ha reconfortado.

La Vida es. Con o sin nosotros. La Naturaleza no manipuló las condiciones dadas en determinado momento de la evolución con intención de que el animal humano apareciera, sino que el hombre se adaptó a ellas. Si la especie humana no hubiera sido capáz de acomodarse a las circunstancias naturales, hoy no poblarí­a la tierra y probablemente nuestro planeta estarí­a dominado por otras especies animales con mejores capacidades adaptativas.

Por eso mismo, creo en el sinsentido de la existencia. Cada sujeto construye una idea a partir de sus experiencias y conocimientos adquiridos. Es de esta manera que cada quien forma su propia concepción acerca del sentido de la Vida, misma que puede, y debe en realidad, ir variando a medida que va madurando.

El otro motivo por el cual puedo decir que soy ateo es porque he sido teísta (como muchos ateos) en algún momento de mi Vida. Entonces tampoco resolvía mis conflictos emocionales y mucho menos los intelectuales.

Además, y en virtud de lo que podemos ver diariamente, podrí­amos pensar que, de existir un dios, la realidad hablarí­a muy mal de él.

Me doy cuenta que con el paso del tiempo, mi posición respecto a la existencia de seres superiores se ha vuelto más radical.

Desde de el punto de vista de la lógica, desde el único que deberí­a tratarse este tema, quien hace una afirmación es quien debe presentar evidencia objetiva para sostener aquello que afirma. Los teí­stas afirman que existe un dios pero no tienen más prueba que la de su propia fe.

¿Qué es la fe? “Es la virtud teologal mediante la cual creemos firmemente lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos propone como verdades que hay que creer”. Se puede decir también que es la creencia profunda en algo que no tiene sustento.

De cualquier forma, la fe que pueda practicar una persona no es prueba suficiente de la existencia de algo.

La religión católica sostiene la existencia de su dios a partir de la Biblia. Para quien no la haya leí­do, recomiendo su lectura. En ella existen tantas contradicciones y está tan mal redactada o traducida que llegar al final es verdaderamente el cumplimiento de una penitencia.

De ella me sorprenden algunas cosas:
Tiene dos partes, el Antiguo y el Nuevo Testamento.
El primero muestra a un dios de una crueldad que no tiene parangón. Mi padre me contaba que cuando era chico intentó contar las ví­ctimas de la ira del dios de los cristianos según se van sucediendo las distintas masacres en el Viejo Testamento y que después de contar por varios miles renunció a tan tremenda tarea.

Una de las cosas más llamativas, es que es el dios el que obliga a los judíos a creer en él por medio de coerciones varias, no es que lo eligen “libremente”.

El segundo Testamento, el Nuevo, es más “tranquilo” y es en el que se cuentan historias de Jesús y sus supuestas enseñanzas. Digo supuestas porque éste fue redactado mucho después de la desaparición de Cristo y sus discí­pulos y es una acumulación de anécdotas que probablemente hayan tergiversado el verdadero papel de Jesús en la historia.

Todos y cada uno de mis actos han sido y son producto de la razón, no concibo otra manera inteligente de conducirme. Claro que puedo equivocarme, he cometido muchos errores en lo que va de mi existencia y seguramente cometeré unos cuantos más, es la forma en que la humanidad se ha desarrollado, el método de prueba y error.

Han transcurrido dos mil años de religión cristiana y aún no han habido evidencias concretas y objetivas de la existencia del dios de los católicos. Me refiero al cristianismo porque, además de ser la religión con mayor número de adeptos (se calcula que son 1833 millones de personas, poco más del 30% de la población mundial) también es el sistema religioso que más crí­menes ha cometido y es el que ha causado el mayor retraso intelectual y tecnológico de la historia.

A aquellos que deseen ahondar en el tema, les dejo unos ví­nculos para que investiguen:
Universo Ateo, donde pueden encontrar todas las refutaciones lógicas, documentadas y racionales posibles a la afirmación de la existencia de una divinidad;
Herencia Cristiana, sitio donde se documenta extensamente la historia de los crímenes cometidos por la religión católica y sus representantes.

Ser ateo, y por consiguiente, rechazar las explicaciones divinas sobre la existencia y el devenir de la Vida, fortalece la curiosidad, favorece el ejercicio de la razón y promueve la investigación y la búsqueda de razones lógicas para todos los sucesos físicos e intelectuales.

Escrito por F.- a la hora: 4:05
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