
Ayer murió Mario Benedetti, en su casa de Montevideo, a los 88 años.
Es raro. Me siento algo vacío y abrumado.
Mi idilio con Uruguay, comenzó con él, con Benedetti. Ha seguido con otros afectos: mi amigo Marcelo, Eduardo Galeano, Artigas y final y especialmente con Vero. Pero Uruguay fue para mí durante mucho tiempo, Benedetti.
Muchas tardes de mi adolescencia están llenas de sus palabras, que se hicieron mías y dijeron muchas cosas que yo no podía.
Y ayer, el viejo Mario murió. Vero me dio la noticia y me dejó consternado.
La muerte, no importa lo que digan, es una mierda.
Absolutamente necesaria, a veces salvadora, a veces injusta, siempre inoportuna, siempre una mierda.
Algunas muertes duelen más que otras, claro. Yo cargo con unas cuantas muy dolorosas. Y ésta, definitivamente, es una de esas que se sienten.
Sí, quedan sus palabras, sus libros, pero también su vacío.
Escribió en Rincón de Haikus:
“Cuando me entierren
por favor no se olviden
de mi bolígrafo”
Nunca, Mario. Nunca.
De todos sus poemas, el que siento más mío desde hace ya unos años, por muchísimas razones y ahora una más, es el que transcribo a continuación.
Consternados, rabiosos
Vámonos,
derrotando afrentas.
Ernesto “CHE” Guevara
Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles
da vergüenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nuca estuvo
con la cinta tan pálida
vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart
da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido
eres nuestra conciencia acribillada
dicen que te quemaron
con qué fuego
van a quemar las buenas
las buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro
dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo
basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos
así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos irá pasando
la rabia quedará
se hará mas limpia
estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella
donde estés
si es que estás
si estás llegando
aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones
donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios
pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.
Montevideo, octubre 1967.








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